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martes, 26 de febrero de 2008
martes, 5 de febrero de 2008
Comunicado de la Asociación Pro-Derechos Humanos en Andalucía
ENFERMOS MENTALES EN PRISIÓN ABANDONADOS POR LA JUNTA DE ANDALUCÍA Y EL MINISTERIO DEL INTERIOR
03/05/2007
Tras la desaparición de los “manicomios” en los años 80, los pacientes destitucionalizados han ido engrosando las estadísticas penitenciarias, convirtiéndose las cárceles en nuevos almacenes de enfermos mentales. Eso sí, en las prisiones ni se les trata, ni se les ofrece alternativa, ni se les ayuda a reintegrase en la sociedad.
Son enfermos mentales sin acogida familiar ni medios económicos, muchos de ellos enfermos duales y sin relaciones con el exterior, reincidentes y sin seguimiento por parte de los servicios sanitarios comunitarios a su puesta en libertad. En la calle, muchos de ellos indigentes y con formas de vida totalmente marginales.
Para ellos no conocemos en Andalucía a la fecha de hoy ni programas específicos dentro de prisión, ni fuera. No podemos tramitarles la excarcelación porque no existen centros que los acojan ni que trabajen además el problema de la enfermedad dual (enfermedad mental y drogodependencia), resulta problemático plantear a los Jueces de Vigilancia Penitenciaria en los casos más graves que les suspenda la condena privativa de libertad, porque la única alternativa de la que disponemos en Andalucía es el psiquiátrico penitenciario, masificado hoy por hoy al 220%.
España es el país europeo con mayor número de reclusos en sus cárceles (65.066 presos), y el 25% de ellos padece depresiones y problemas mentales producidos por el consumo de drogas. El 8% de la población reclusa padece una enfermedad mental grave y el 40% tiene trastornos mentales y de personalidad (aunque no sean inimputables). Por tanto, en Andalucía que hay prácticamente 14.000 internos, 1.120 padecen enfermedades mentales graves y 5.600 trastornos mentales. Aparte, Instituciones Penitenciarias reconoce más de 700 discapacitados psíquicos en las prisiones. Algunos de ellos también son enfermos mentales y algunos además de todo ello drogopendientes. La prevalencia dentro de prisión es de 7 veces más que en la sociedad.
Para las Instituciones, son ciudadanos invisibles con los que no contactan, para los que no existen programas específicos preventivos, de tratamiento o de rehabilitación, cuando deberían ser un colectivo prioritario por lo vulnerable de su situación.
Si algunos reciben asistencia por parte de los servicios de salud mental, cuando entran en prisión, como no existe ninguna coordinación entre el SAS y los servicios médicos penitenciarios, el enfermo ni es medicado ni los médicos de las prisiones se preocupan de conocer el historial del interno. Como tampoco existe ninguna coordinación con los servicios sociales y no se trabaja el regreso a la sociedad y a la propia familia del enfermo, es obvio que, si además muchos de ellos no disponen de apoyo familiar ni respaldo económico (el 90% están en paro, sobre todo si padecen enfermedades mentales graves), van a retornar a un submundo marginal y de subsistencia en la calle. Que se descompensen sus enfermedades y reincidan en la comisión de delitos y retornen a prisión es una consecuencia lógica de la total desasistencia. Si crearan dispositivos socio-sanitarios para atender adecuadamente a estos enfermos, la mayor parte no entrarían en una prisión. De hecho, el 50 % de los enfermos mentales delinque porque ha sufrido un brote sicótico, generalmente por no llevar un tratamiento adecuado.
Cada vez existen más enfermos mentales en la calle sin atención sanitaria alguna, existiendo un déficit importante de recursos de apoyo, a la rehabilitación y recuperación funcional de los enfermos crónicos y un déficit importante de dispositivos comunitarios abiertos y cerrados. El que cometan delitos no depende tanto de su enfermedad, sino de su situación de inadaptación social. De hecho casi el 64% de los enfermos mentales presos se encuentran cumpliendo condena por haber cometido delitos contra la propiedad y el 11.10 % por delitos contra la salud pública. Los delitos más violentos son en proporción muy escasos.
Sin embargo, resulta paradójico que el Hospital Psiquiátrico Penitenciario de Sevilla albergue a 182 pacientes, mientras que en los centros penitenciarios ordinarios existen en nuestra comunidad autónoma 1.120 presos que padecen enfermedades mentales graves y 5.600 trastornos mentales. Es decir, existen muchísimos más enfermos mentales en las prisiones ordinarias que en el hospital psiquiátrico, sin ser atendidos específicamente y sin que se puedan considerar personas “peligrosas”, en cuanto que violentas, para la sociedad. Y aunque legalmente debería acudir un psiquiatra a los centros penitenciarios (art. 209.1 2º R.P.), algunos centros andaluces no disponen del mismo y otros disponen del especialista de forma tan escasa que simplemente atiende las necesidades de prescripción farmacológica.
La consecuencias que son muchas más sanciones, escaso acceso a los beneficios penitenciarios (que se basan exclusivamente en la buena conducta), no acceso a permisos ni terceros grados y cumplimento de las condenas íntegras. También muchos intentos de suicidio. De los ingresados en la enfermaría el riesgo de suicidio se encuentra en torno al 20.6%, dando por hecho que el riesgo de los internos no ingresados es mucho mayor, ya que los ingresados en la enfermería cuentan con una especial atención, vigilancia y cuidados. Los intentos de suicidio de la población en general, según los datos del INE del año 2005, es del 0,0050.
La gran mayoría de ellos se encuentran en prisión sin que en sus sentencias condenatorias se estimase causa alguna de atenuación de la pena y por tanto sin diagnóstico alguno de la enfermad. Muchos son diagnosticados por primera vez cuando entran en prisión; y la mayoría, ni siquiera allí.
Los motivos son variados, entre otros y sobre todo, la falta de rigor en el trabajo de los abogados de oficio, ya que entre la propia dinámica desestructurada del enfermo que no contacta con el abogado y la mala práctica de muchos de ellos que no trabajan con sus clientes sino hasta el mismo momento de juicio, es lógico que las enfermedades mentales pasen desapercibas o que de todas maneras, no puedan en ese momento ser ya acreditadas.
Debemos apuntar también la reticencia de los jueces a aplicar jurídicamente alternativas a la prisión a los enfermos mentales infractores. Si bien el problema, fundamentalmente, estriba en que no existen dichos recursos alternativos a los que derivarlos en Andalucía, cuando los servicios sanitarios y de asistencia social deben ser los destinatarios naturales de las personas enfermas mentales, se requiere la existencia de una infraestructura suficiente.
La Junta de Andalucía firmó el “Convenio marco de colaboración en materia penitenciaria entre la Junta de Andalucía y la Administración central de 23 de marzo de 1992” que prevé la atención sanitaria a los presos andaluces. Existen varias partes que no se han aplicado nunca. La reuniones de seguimiento del convenio prácticamente no existen, ni la elaboración del programa anual de colaboración, donde debería haberse previsto la resolución de esta problemática y las tareas a desempeñar por parte de la Consejería de Justicia y Administración Pública parece nunca se realizaron.
En cuanto a la asistencia, en concreto, establece como obligación del SAS la atención especializada ambulatoria en los centros penitenciarios y tendrá especial atención a problemas de salud mental. Además la Consejería de Salud incluirá a los centros penitenciarios en los programas y campañas de medicina preventiva existentes en la Comunidad, considerándolos como una población de alto riesgo de atención preferente, y aportando los medios personales y materiales precisos para ello, incluyendo el área de salud mental” Ninguna de estas cláusulas se ha aplicado jamás.
En desarrollo de este Convenio se aprobó el 29 de mayo de 2006 el “Acuerdo sectorial entre el Ministerio del Interior y la Consejería para la Igualdad y Bienestar Social, de la Junta de Andalucía, en materia de servicios sociales para personas con discapacidad internadas en establecimientos penitenciarios de Andalucía, al amparo de la cláusula octava del convenio marco de colaboración entre la Junta de Andalucía y el Ministerio de Justicia en materia penitenciaria, de 23 de marzo de 1992.”
Este acuerdo sectorial evidencia el conocimiento de la administración del grave problema del que hablamos. Sin embargo, casi un año después de su aprobación, aún no ha comenzado a ejecutarse. Esperemos que no pase como el convenio del que trae base que, desde 1992 que se firmó, continua sin desarrollarse en la práctica en mucha de sus previsiones y cláusulas.
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esquizofrenia,
Psiquiatría Comunitaria,
psiquiatría legal
domingo, 27 de enero de 2008
Atención pregunta: ¿Un acto derivado del delirio de un esquizofrénico podría ser imputable en razón a que conserva su libertad de actuar o no actuar?
Respuesta: D. Salvador Porras Obeso. Psiquiatra de Enlace del Hospital de Elda.
Un esquizofrénico conserva su capacidad de actuar o no actuar y solo excepcionalmente pierde dicha libertad. Los actos más frecuentes de violencia ejecutados por los esquizofrénicos es hacia ellos mismos, autoagrediéndose de forma que son muchísimo más frecuentes los suicidios (bien por sus síntomas positivos o por la toma de conciencia de sus limitaciones para la vida) que los homicidios inmotivados, apenas atentan contra la propiedad en comparación con otros grupos de población y es excepcional el ataque a una autoridad.
Quizás se podría hablar de inimputabilidad en actos muy extravagantes e incomprensibles derivados de sus síntomas positivos o cuando se actuó de forma refleja (no pensada, no planificada) y en situaciones muy complejas se podría aplicar una imputabilidad disminuida en ciertas circunstancias en que se actuó con automatismos (conductas de defensa aprendidas por entrenamiento).
En principio todo hecho concreto aunque provenga de un esquizofrénico ha de considerarse imputable (no es verdad la creencia general de que lo que hace un loco es inimputable) y en concreto el dar muerte a un semejante en un momento concreto exige investigar el estado y el tipo de síntomas activos en dicho momento. Después de leer detenidamente la bibliografía enviada por un colega he de insistir en que la motivación para tal acto ha de ser extravagante e incomprensible para la mayoría de los mortales (léase: Consideraciones en la peritación psiquiátrica de delitos con consecuencia de muerte. Informaciones psiquiátricas nº 146/4º trimestre,1996).
Que excepcionalmente ante un acto de un paciente esquizofrénico habría que valorar el estado y el tipo de síntomas en ese momento puntual por si aminoraran la libertad de actuar y habría que guiarse en la extravagancia o desproporción de las motivaciones que han conducido a tales hechos.
Un esquizofrénico o un paranoico mantienen la libertad de elección. Son pues tan imputables como un presuntamente sano. Excepcionalmente serían inimputables tanto el psicótico como el presunto sano.
Un caso como ejemplo: Sor Primi solía calmarme cuando un empleado, casi siempre el mismo, metía una y otra vez la pata, diciéndome:"Don Salva tenga paciencia con él, no es de mal corazón, pero todo lo que tiene de grandullón lo tiene de tontorrón y lo que hace son tontunas sin pensarlas"..la verdad es que aquel empleado era bastante más problemático que el peor de los enfermos y no solo despertaba inquietud en mí, también la despertó en el paciente más malencarado de la unidad de crónicos; era alto, no muy corpulento, con mirada corva y una cara de pocos amigos que sin duda cualquiera se sentiría un tanto a disgusto ante su presencia; a pesar de ser epiléptico estaba sin crisis, controlado y nunca me dió faena hasta que un día el personal sobresaltado me llamó para que acudiera a visitarlo, lo tenían con sujeción mecánica en su cama y cuando me acerqué solo oía musitar:"a ese fulano lo tengo que matar"..lo repetía una y otra vez hasta que se fue tranquilizando; marché a averiguar el motivo de tal desaguisado..resumiendo, el paciente había localizado una barra metálica en la huerta a donde se dirigió y se hizo con ella, la camufla y busca al cuidador de marras y a traición se le acerca y le lanza un mamporrazo que afortunadamente en el último instante se encontró el hombro tras el gesto de defensa ante un golpe que iba a su cabeza. Por primera vez aquel cuidador vió los pelos al lobo y lo acusaba de ser un bicho malo...seguía sin entender que sus actos traían estas consecuencias.
Viene este breve comentario al hecho de la planificación de los actos y su ejecución. El paciente conocía y tenía libertad para actuar. No hubo consecuencias y actué de juez y parte. No pasó nada, el cuidador se cuidó de no molestar al paciente y creo que hasta metió menos la pata durante algún tiempo...si ha sobrevivido ya estará jubilado. El paciente continuó sin crear conflictos y no recuerdo haberlo castigado..¿quizás lo premié?...a criterio del lector queda.
Artículo obtenido de este blog: http://imputabilidad.blogspot.com/
Un esquizofrénico conserva su capacidad de actuar o no actuar y solo excepcionalmente pierde dicha libertad. Los actos más frecuentes de violencia ejecutados por los esquizofrénicos es hacia ellos mismos, autoagrediéndose de forma que son muchísimo más frecuentes los suicidios (bien por sus síntomas positivos o por la toma de conciencia de sus limitaciones para la vida) que los homicidios inmotivados, apenas atentan contra la propiedad en comparación con otros grupos de población y es excepcional el ataque a una autoridad.
Quizás se podría hablar de inimputabilidad en actos muy extravagantes e incomprensibles derivados de sus síntomas positivos o cuando se actuó de forma refleja (no pensada, no planificada) y en situaciones muy complejas se podría aplicar una imputabilidad disminuida en ciertas circunstancias en que se actuó con automatismos (conductas de defensa aprendidas por entrenamiento).
En principio todo hecho concreto aunque provenga de un esquizofrénico ha de considerarse imputable (no es verdad la creencia general de que lo que hace un loco es inimputable) y en concreto el dar muerte a un semejante en un momento concreto exige investigar el estado y el tipo de síntomas activos en dicho momento. Después de leer detenidamente la bibliografía enviada por un colega he de insistir en que la motivación para tal acto ha de ser extravagante e incomprensible para la mayoría de los mortales (léase: Consideraciones en la peritación psiquiátrica de delitos con consecuencia de muerte. Informaciones psiquiátricas nº 146/4º trimestre,1996).
Que excepcionalmente ante un acto de un paciente esquizofrénico habría que valorar el estado y el tipo de síntomas en ese momento puntual por si aminoraran la libertad de actuar y habría que guiarse en la extravagancia o desproporción de las motivaciones que han conducido a tales hechos.
Un esquizofrénico o un paranoico mantienen la libertad de elección. Son pues tan imputables como un presuntamente sano. Excepcionalmente serían inimputables tanto el psicótico como el presunto sano.
Un caso como ejemplo: Sor Primi solía calmarme cuando un empleado, casi siempre el mismo, metía una y otra vez la pata, diciéndome:"Don Salva tenga paciencia con él, no es de mal corazón, pero todo lo que tiene de grandullón lo tiene de tontorrón y lo que hace son tontunas sin pensarlas"..la verdad es que aquel empleado era bastante más problemático que el peor de los enfermos y no solo despertaba inquietud en mí, también la despertó en el paciente más malencarado de la unidad de crónicos; era alto, no muy corpulento, con mirada corva y una cara de pocos amigos que sin duda cualquiera se sentiría un tanto a disgusto ante su presencia; a pesar de ser epiléptico estaba sin crisis, controlado y nunca me dió faena hasta que un día el personal sobresaltado me llamó para que acudiera a visitarlo, lo tenían con sujeción mecánica en su cama y cuando me acerqué solo oía musitar:"a ese fulano lo tengo que matar"..lo repetía una y otra vez hasta que se fue tranquilizando; marché a averiguar el motivo de tal desaguisado..resumiendo, el paciente había localizado una barra metálica en la huerta a donde se dirigió y se hizo con ella, la camufla y busca al cuidador de marras y a traición se le acerca y le lanza un mamporrazo que afortunadamente en el último instante se encontró el hombro tras el gesto de defensa ante un golpe que iba a su cabeza. Por primera vez aquel cuidador vió los pelos al lobo y lo acusaba de ser un bicho malo...seguía sin entender que sus actos traían estas consecuencias.
Viene este breve comentario al hecho de la planificación de los actos y su ejecución. El paciente conocía y tenía libertad para actuar. No hubo consecuencias y actué de juez y parte. No pasó nada, el cuidador se cuidó de no molestar al paciente y creo que hasta metió menos la pata durante algún tiempo...si ha sobrevivido ya estará jubilado. El paciente continuó sin crear conflictos y no recuerdo haberlo castigado..¿quizás lo premié?...a criterio del lector queda.
Artículo obtenido de este blog: http://imputabilidad.blogspot.com/
domingo, 2 de diciembre de 2007
Psicoterapia en psicosis
Los fármacos no son la panacea del abordaje de las psicosis. Junto a su necesario apoyo, deben establecerse estrechas interrelaciones entre médico y enfermo capaces de garantizar la recuperación. Distintos modelos psicoterapéuticos garantizan el tratamiento psicótico.
Establecer relaciones terapéuticas entre médico y paciente es clave en el abordaje de las psicosis. Conseguir esta interrelación garantiza el éxito del tratamiento en, al menos, un 50 por ciento. De lo contrario, las posibilidades de recuperación del paciente psicótico son muy reducidas, por no decir prácticamente nulas.
“Las relaciones terapéuticas permiten que el paciente sea consciente de su trastorno, y refuerzan las posibilidades de recuperación, así como de la adscripción a un tratamiento, tanto médico como psicoterapéutico”, según Manuel González de Chávez, jefe del Servicio de Psiquiatría I del Hospital Gregorio Marañón, de Madrid, que en colaboración con Isabel Rodríguez, Juan Carlos Fraile, Andrés Fernández-Cuevas e Ignacio García, del mismo servicio, ha coordinado el XII Curso Anual de Esquizofrenia, celebrado en Madrid.
Tiempo y dedicación
Cómo se debe encauzar el proceso para alcanzar la interrelación y qué dificultades existen con los pacientes son algunos de los aspectos que preocupan y debaten los profesionales. A juicio de González de Chávez, uno de los problemas que con mayor frecuencia se observan entre los dispositivos de salud mental de España es que “el tiempo de consulta con los pacientes psicóticos es corto y la periodicidad escasa, lo que obstaculiza la puesta en marcha de cualquier tipo de relación terapéutica”. García Cabeza ha detallado que las visitas se producen una vez al mes con un tiempo de entre 20-30 minutos en el mejor de los casos, aunque en algunos el tiempo de revisión se alarga hasta en tres meses.
Sin embargo, la propuesta de mejora, según los psiquiatras, no sólo se reduce a un problema de tiempo o de dedicación para establecer una relación personal y continuada con un paciente. Los objetivos terapéuticos han de vencer dificultades asistenciales, que las hay, pero también problemas intrínsecos del paciente psicótico, que es una persona con un mundo completamente distinto al real y con dificultades para revelar lo que le sucede.
“En muchos casos, cuando llega al dispositivo asistencial correspondiente lo hace de manera forzada u obligada por las circunstancias o situación familiar, casi nunca de manera voluntaria”, según González Chávez. Establecer, por tanto, una relación de empatía con el paciente para acceder a su mundo y ganar su confianza es una de las principales dificultades, y también un desafío para el profesional, ha indicado García Cabeza.
La psicosis engloba mayoritariamente a enfermos con esquizofrenia, pero también existen psicosis de predominio paranoide, así como bipolares de tipo afectivo en las que se producen distorsiones de la imagen propia y de la realidad en la que se vive.
Modelos de ayuda
Los modelos de psicoterapia de grupo, uno de los más sólidamente establecidos en el Gregorio Marañón, facilitan el establecimiento de vínculos con los pacientes porque se relacionan con otros afectados y porque ofrecen una visión más objetiva de los psicoterapeutas que trabajan en ellos.
Los modelos con familias también contrastan datos relativos a la situación del paciente con un objetivo claro: comprender y ayudar al enfermo y eliminar cualquier signo de estigma que con tanta frecuencia persigue a estas personas. Otras fórmulas son asertivas y basan su actuación en la rehabilitación mediante asistencia domiciliaria.
El enfermo es una persona que sufre
El temor al psicótico es una de las dificultades que aparecen en muchos profesionales que no se han familiarizado con el psicótico, no como enfermo sino como persona. Actualmente, la existencia de una medicina cada vez más tecnificada y medicalizada tiene sus pros y sus contras, pero es evidente que “desliga a la persona del enfermo.
Esta desconsideración de la persona que sufre ha hecho que los médicos perdamos una gran parte de la capacidad para empatizar. No se considera al enfermo sino sólo y exclusivamente a la enfermedad de ese enfermo y no sólo en el ámbito de la psiquiatría sino en la medicina en general”.
A juicio de Manuel González de Chávez, la mala formación es la causa de esta desconsideración hacia el paciente como persona. “La medicina necesita volver a un tipo de relaciones empáticas con los enfermos. Hay que enseñar a los estudiantes que el enfermo que tiene delante es una persona con su historia, su vida y sus motivaciones”.
El problema para establecer relaciones personales no sólo se reduce a tiempo o dedicación; hay que vencer las dificultades propias del psicótico. Los modelos de actuación en grupo y con la familia, y los que rehabilitan con asistencia domiciliaria facilitan la empatía con el enfermo.
Fuente: Raquel Serrano (Diario Médico)
miércoles, 15 de agosto de 2007
¿Para cuando una reflexión seria sobre el "estigma" en salud mental?
Feafes pide más control legal en la atención a las personas con enfermedades mentales.
FUENTE: EL NORTE DE CASTILLA.
«El estigma empieza por la propia familia». Lo reconoce Máximo Sanabria, representante de Feafes Castilla y León, la federación de familiares de enfermos mentales. «Es una situación que cada vez se da menos, pero que todavía existe», añade. De ahí la importancia de campañas como Zeroestigma, una iniciativa europea que intenta acabar con los prejuicios y remendar la deteriorada imagen que las personas con enfermedad mental tienen en ciertos colectivos sociales.
La campaña, identificada a través de carteles y dípticos, tendrá ramificaciones por los colegios e institutos de la comunidad, a través de charlas y mesas informativas en las que se darán las claves sobre las dificultades diarias a las que tiene que enfrentarse este grupo de población.
Los datos que maneja el colectivo establecen que el 56% de las personas con enfermedad mental sufren discriminación en su vida cotidiana y que el 47% la vive a menudo en su trabajo. «Según estudios recientes, el 47% han sido increpados en público, el 26% han tenido que mudarse y un increíble 83% asegura que el estigma social es uno de los principales obstáculos para su recuperación», explica Begoñe Ariño, de la Federación Europea de Familiares de Personas con Enfermedad Mental.
FUENTE: EL NORTE DE CASTILLA.
«El estigma empieza por la propia familia». Lo reconoce Máximo Sanabria, representante de Feafes Castilla y León, la federación de familiares de enfermos mentales. «Es una situación que cada vez se da menos, pero que todavía existe», añade. De ahí la importancia de campañas como Zeroestigma, una iniciativa europea que intenta acabar con los prejuicios y remendar la deteriorada imagen que las personas con enfermedad mental tienen en ciertos colectivos sociales.
La campaña, identificada a través de carteles y dípticos, tendrá ramificaciones por los colegios e institutos de la comunidad, a través de charlas y mesas informativas en las que se darán las claves sobre las dificultades diarias a las que tiene que enfrentarse este grupo de población.
Los datos que maneja el colectivo establecen que el 56% de las personas con enfermedad mental sufren discriminación en su vida cotidiana y que el 47% la vive a menudo en su trabajo. «Según estudios recientes, el 47% han sido increpados en público, el 26% han tenido que mudarse y un increíble 83% asegura que el estigma social es uno de los principales obstáculos para su recuperación», explica Begoñe Ariño, de la Federación Europea de Familiares de Personas con Enfermedad Mental.
miércoles, 1 de agosto de 2007
Colifata Power!!!!! A ver si cunde el ejemplo
Radio Colifata, realizada por paciente del Borda, con muy pocos medios y mucha ilusión.
Yo estuve con ellos en plaza de Mayo y fué toda una experiencia.
Colifato=loco, en lunfardo, haciendo de su diferencia bandera van por el mundo estos colifatos.
Yo estuve con ellos en plaza de Mayo y fué toda una experiencia.
Colifato=loco, en lunfardo, haciendo de su diferencia bandera van por el mundo estos colifatos.
martes, 31 de julio de 2007
Articulo del País: el estigma tiene los días contados

Los muros invisibles
(Fuente: El País. Tribuna Sanitaria.DOMINGO DÍAZ DEL PERAL
Domingo Díaz del Peral pertenece al Grupo de Comunicación de Salud Mental de la Consejería de Salud de Andalucía y firma este artículo junto a los otros miembros: Andrés López Pardo, Gonzalo Fernández Regidor, Pablo García Cubillana, Rafael del Pino, Eulalio Valmisa, Emilio Andrade, Joan Carles March, Águila Bono del Trigo, Ángel Luis Mena Jiménez.)
Una de cada cuatro personas padece una enfermedad mental a lo largo de su vida. En la gran mayoría de casos, la superará y en otros, si bien la enfermedad perdura, el paciente, con ayuda de familiares, amistades y profesionales, será capaz de afrontar su situación. También puede ser un proceso largo y doloroso, no sólo por la gravedad de su patología, sino por la imagen negativa que la sociedad posee de las personas con enfermedad mental. Gran parte del sufrimiento que padecen estas personas tiene su origen en el rechazo, la marginación y el desprecio social que tienen que soportar, y no en la enfermedad en sí misma.
La percepción social de la enfermedad mental está sesgada por el desconocimiento y la desinformación, e influye en el aislamiento de las personas que la padecen, haciéndoles creer que su enfermedad es una losa demasiado pesada de la que no podrán sobreponerse, y poniendo barreras a su recuperación. Nos referimos al estigma de la enfermedad mental, sustentado en prejuicios y causante de discriminación social, que se debe combatir por injusta, cruel y por no tener base científica.
La estigmatización es casi siempre inconsciente, basada en erróneas concepciones sociales, arraigadas en la percepción colectiva. Por ejemplo, que una persona con esquizofrenia es violenta e impredecible y no podrá nunca trabajar o vivir fuera de una institución ni tener una vida social. Que una persona con depresión es débil de carácter. Que no puede casarse ni tener hijos e hijas. Que la enfermedad mental no tiene esperanza de curación. Que es imposible ayudarle
Y tiene diversas fuentes. Los vecinos que se sienten incómodos con estas personas, evitan cruzarse con ellas y desearían que en el edificio no hubiera gente así. Los empleadores que temen que estén siempre de baja y las relegan a funciones de menor responsabilidad. Los periodistas que reflejan las creencias erróneas de la sociedad, como parte de la sociedad que son, y las transmiten en sus informaciones. También los profesionales socio-sanitarios, incluidos los de salud mental, son fuente para la estigmatización cuando en la consulta ven sólo la patología y no a la persona. E incluso la propia familia, que por causa del estigma siente vergüenza y esconde la enfermedad, la niega y con ello también niega a la persona.
El estigma de la enfermedad mental viene heredado de siglos de incomprensión, de una mentalidad proclive a encerrar al loco y alejarlo en lugar de ayudarlo desde una perspectiva de salud e integración. Hace ya más de 20 años que se inició la reforma psiquiátrica, se desmantelaron los psiquiátricos y el loco pasó a ser un ciudadano. Pero desmantelar el estigma de la conciencia colectiva parece una tarea mucho más difícil. Las barreras de los antiguos manicomios han dejado paso a otros muros, invisibles, que mantienen el aislamiento e impiden la total recuperación de los pacientes, mediante prejuicios y tópicos que los encierran en su enfermedad.
El silencio que rodea a cualquier problema de salud mental forma parte del problema. Las enfermedades mentales están silenciadas, ausentes e invisibles. Están muy cercanas pese a que siguen siendo grandes desconocidas para la sociedad. La realidad es que una de cada cuatro personas padece una enfermedad mental a lo largo de su vida, y eso son muchas personas. Puede ser una amiga, un novio, un padre, una hermana o un compañero de trabajo. El 9% de la población española sufre una enfermedad mental. Estas cifras crecerán, en una tendencia común en el mundo occidental y con un elevado coste social y económico.
Las autoridades políticas y sanitarias han identificado el estigma como una parte sustancial del problema de las personas con enfermedad mental, en el afrontamiento de su recuperación. Y su erradicación se está convirtiendo en objetivo prioritario de intervención institucional; de la Organización Mundial de la Salud, de la Unión Europea, del Ministerio de Sanidad, que establecen la necesidad de una mejor concienciación de la población respecto a las enfermedades mentales y su posible tratamiento, así como el fomento de la integración de las personas afectadas mediante acciones de sensibilización. "Una de cada cuatro personas padece una enfermedad mental a lo largo de su vida. Reconócelo, la salud mental importa" es el eslogan de una campaña de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía.
Además de las campañas de sensibilización, la atención en la comunidad con servicios sanitarios y sociales de calidad, y sobre todo el contacto directo y en lugares normales de vida con las personas afectadas, parecen ser las estrategias más eficaces para luchar contra el estigma. Es necesario que nos cuestionemos la visión que poseemos de la enfermedad mental y nuestras actitudes con quienes la padecen. Tenemos múltiples barreras que superar. También hay mucho que ganar.
sábado, 28 de julio de 2007
¿Factores sociales en la esquizofrenia?

Hallazgos científicos vinculan la esquizofrenia de déficit con las clases sociales pobres en EE.UU.
FUENTE: EUROPEAN PSYCHIATRY. 2006;21(4):233-237.
Investigaciones actuales y anteriores indican convincentemente una alta prevalencia de esquizofrenia en la clase baja en los EE.UU. y otras sociedades estratificadas. Hasta la fecha, ningún estudio ha sometido a examen la existencia de una conexión entre el tipo de esquizofrenia y el estatus socioeconómico (ESE). Examinamos la existencia de una interrelación entre el subtipo de esquizofrenia, el ESE y la raza.
Se utilizaron escalas de síntomas positivos y negativos para evaluar a 436 pacientes esquizofrénicos en un hospital estatal de los EE.UU. Todos los pacientes recibieron también diagnóstico según las normas del DSM. La clase social de origen se evaluó por las Distribuciones de Clasificación Ocupacional de la Oficina del Censo de EE.UU. Se realizó un análisis multivariante con la x2 de la razón de verosimilidad.
Descubrimos una propensión de la esquizofrenia de déficit a ser elevada entre los pobres. El hallazgo se presenta como un efecto puro del ESE, ya que la probabilidad de la esquizofrenia de déficit no varía con la raza cuando la clase social se mantiene constante.
El hallazgo es potencialmente un descubrimiento nuevo e importante en la epidemiología de la esquizofrenia. Permite comprender mejor la deficiente evolución entre los pacientes de clase baja en sociedades estratificadas como los Estados Unidos. Es coherente también con investigaciones longitudinales de investigadores europeos.
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