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martes, 26 de febrero de 2008
domingo, 27 de enero de 2008
Atención pregunta: ¿Un acto derivado del delirio de un esquizofrénico podría ser imputable en razón a que conserva su libertad de actuar o no actuar?
Respuesta: D. Salvador Porras Obeso. Psiquiatra de Enlace del Hospital de Elda.
Un esquizofrénico conserva su capacidad de actuar o no actuar y solo excepcionalmente pierde dicha libertad. Los actos más frecuentes de violencia ejecutados por los esquizofrénicos es hacia ellos mismos, autoagrediéndose de forma que son muchísimo más frecuentes los suicidios (bien por sus síntomas positivos o por la toma de conciencia de sus limitaciones para la vida) que los homicidios inmotivados, apenas atentan contra la propiedad en comparación con otros grupos de población y es excepcional el ataque a una autoridad.
Quizás se podría hablar de inimputabilidad en actos muy extravagantes e incomprensibles derivados de sus síntomas positivos o cuando se actuó de forma refleja (no pensada, no planificada) y en situaciones muy complejas se podría aplicar una imputabilidad disminuida en ciertas circunstancias en que se actuó con automatismos (conductas de defensa aprendidas por entrenamiento).
En principio todo hecho concreto aunque provenga de un esquizofrénico ha de considerarse imputable (no es verdad la creencia general de que lo que hace un loco es inimputable) y en concreto el dar muerte a un semejante en un momento concreto exige investigar el estado y el tipo de síntomas activos en dicho momento. Después de leer detenidamente la bibliografía enviada por un colega he de insistir en que la motivación para tal acto ha de ser extravagante e incomprensible para la mayoría de los mortales (léase: Consideraciones en la peritación psiquiátrica de delitos con consecuencia de muerte. Informaciones psiquiátricas nº 146/4º trimestre,1996).
Que excepcionalmente ante un acto de un paciente esquizofrénico habría que valorar el estado y el tipo de síntomas en ese momento puntual por si aminoraran la libertad de actuar y habría que guiarse en la extravagancia o desproporción de las motivaciones que han conducido a tales hechos.
Un esquizofrénico o un paranoico mantienen la libertad de elección. Son pues tan imputables como un presuntamente sano. Excepcionalmente serían inimputables tanto el psicótico como el presunto sano.
Un caso como ejemplo: Sor Primi solía calmarme cuando un empleado, casi siempre el mismo, metía una y otra vez la pata, diciéndome:"Don Salva tenga paciencia con él, no es de mal corazón, pero todo lo que tiene de grandullón lo tiene de tontorrón y lo que hace son tontunas sin pensarlas"..la verdad es que aquel empleado era bastante más problemático que el peor de los enfermos y no solo despertaba inquietud en mí, también la despertó en el paciente más malencarado de la unidad de crónicos; era alto, no muy corpulento, con mirada corva y una cara de pocos amigos que sin duda cualquiera se sentiría un tanto a disgusto ante su presencia; a pesar de ser epiléptico estaba sin crisis, controlado y nunca me dió faena hasta que un día el personal sobresaltado me llamó para que acudiera a visitarlo, lo tenían con sujeción mecánica en su cama y cuando me acerqué solo oía musitar:"a ese fulano lo tengo que matar"..lo repetía una y otra vez hasta que se fue tranquilizando; marché a averiguar el motivo de tal desaguisado..resumiendo, el paciente había localizado una barra metálica en la huerta a donde se dirigió y se hizo con ella, la camufla y busca al cuidador de marras y a traición se le acerca y le lanza un mamporrazo que afortunadamente en el último instante se encontró el hombro tras el gesto de defensa ante un golpe que iba a su cabeza. Por primera vez aquel cuidador vió los pelos al lobo y lo acusaba de ser un bicho malo...seguía sin entender que sus actos traían estas consecuencias.
Viene este breve comentario al hecho de la planificación de los actos y su ejecución. El paciente conocía y tenía libertad para actuar. No hubo consecuencias y actué de juez y parte. No pasó nada, el cuidador se cuidó de no molestar al paciente y creo que hasta metió menos la pata durante algún tiempo...si ha sobrevivido ya estará jubilado. El paciente continuó sin crear conflictos y no recuerdo haberlo castigado..¿quizás lo premié?...a criterio del lector queda.
Artículo obtenido de este blog: http://imputabilidad.blogspot.com/
Un esquizofrénico conserva su capacidad de actuar o no actuar y solo excepcionalmente pierde dicha libertad. Los actos más frecuentes de violencia ejecutados por los esquizofrénicos es hacia ellos mismos, autoagrediéndose de forma que son muchísimo más frecuentes los suicidios (bien por sus síntomas positivos o por la toma de conciencia de sus limitaciones para la vida) que los homicidios inmotivados, apenas atentan contra la propiedad en comparación con otros grupos de población y es excepcional el ataque a una autoridad.
Quizás se podría hablar de inimputabilidad en actos muy extravagantes e incomprensibles derivados de sus síntomas positivos o cuando se actuó de forma refleja (no pensada, no planificada) y en situaciones muy complejas se podría aplicar una imputabilidad disminuida en ciertas circunstancias en que se actuó con automatismos (conductas de defensa aprendidas por entrenamiento).
En principio todo hecho concreto aunque provenga de un esquizofrénico ha de considerarse imputable (no es verdad la creencia general de que lo que hace un loco es inimputable) y en concreto el dar muerte a un semejante en un momento concreto exige investigar el estado y el tipo de síntomas activos en dicho momento. Después de leer detenidamente la bibliografía enviada por un colega he de insistir en que la motivación para tal acto ha de ser extravagante e incomprensible para la mayoría de los mortales (léase: Consideraciones en la peritación psiquiátrica de delitos con consecuencia de muerte. Informaciones psiquiátricas nº 146/4º trimestre,1996).
Que excepcionalmente ante un acto de un paciente esquizofrénico habría que valorar el estado y el tipo de síntomas en ese momento puntual por si aminoraran la libertad de actuar y habría que guiarse en la extravagancia o desproporción de las motivaciones que han conducido a tales hechos.
Un esquizofrénico o un paranoico mantienen la libertad de elección. Son pues tan imputables como un presuntamente sano. Excepcionalmente serían inimputables tanto el psicótico como el presunto sano.
Un caso como ejemplo: Sor Primi solía calmarme cuando un empleado, casi siempre el mismo, metía una y otra vez la pata, diciéndome:"Don Salva tenga paciencia con él, no es de mal corazón, pero todo lo que tiene de grandullón lo tiene de tontorrón y lo que hace son tontunas sin pensarlas"..la verdad es que aquel empleado era bastante más problemático que el peor de los enfermos y no solo despertaba inquietud en mí, también la despertó en el paciente más malencarado de la unidad de crónicos; era alto, no muy corpulento, con mirada corva y una cara de pocos amigos que sin duda cualquiera se sentiría un tanto a disgusto ante su presencia; a pesar de ser epiléptico estaba sin crisis, controlado y nunca me dió faena hasta que un día el personal sobresaltado me llamó para que acudiera a visitarlo, lo tenían con sujeción mecánica en su cama y cuando me acerqué solo oía musitar:"a ese fulano lo tengo que matar"..lo repetía una y otra vez hasta que se fue tranquilizando; marché a averiguar el motivo de tal desaguisado..resumiendo, el paciente había localizado una barra metálica en la huerta a donde se dirigió y se hizo con ella, la camufla y busca al cuidador de marras y a traición se le acerca y le lanza un mamporrazo que afortunadamente en el último instante se encontró el hombro tras el gesto de defensa ante un golpe que iba a su cabeza. Por primera vez aquel cuidador vió los pelos al lobo y lo acusaba de ser un bicho malo...seguía sin entender que sus actos traían estas consecuencias.
Viene este breve comentario al hecho de la planificación de los actos y su ejecución. El paciente conocía y tenía libertad para actuar. No hubo consecuencias y actué de juez y parte. No pasó nada, el cuidador se cuidó de no molestar al paciente y creo que hasta metió menos la pata durante algún tiempo...si ha sobrevivido ya estará jubilado. El paciente continuó sin crear conflictos y no recuerdo haberlo castigado..¿quizás lo premié?...a criterio del lector queda.
Artículo obtenido de este blog: http://imputabilidad.blogspot.com/
jueves, 9 de agosto de 2007
Pero ¿Qué le pasa a mi hijo?

¿Qué le sucede a mi hijo?
¿Qué le sucede a mi hijo?
¿Cómo debo tratarlo?
Son preguntas frecuentes en nuestras consultas como especialistas en Psiquiatría. Las tendencias actuales ponen el acento en una “explicación” de corte biológico-fisiopatológico (que no nos olvidemos que hay que darla): “Su familiar sufre una enfermedad cerebral cuya causa, curso y bases desconocemos casi por completo, aunque puede beneficiarse de tratamientos farmacológicos, que en la práctica han demostrado, en un porcentaje apreciable, alguna mejora de los síntomas que padece”.Ya me dirán lo que puede tranquilizar semejante declaración de impotencia.
Suele apaciguar más el ánimo nombrar el cuadro: “Nos hayamos ante una probable esquizofrenia, ya distinguiremos el subtipo según la evolución”aunque creo que esa frase nunca debe ser dicha en ninguna consulta, no tiene sentido y no aporta nada a quien la recibe. Al decir esto englobamos el sufrimiento del paciente en un cuadro clínico caracterizado por determinados síntomas, pero no nos acercamos ni un ápice a la realidad del paciente, a sus circunstancias, a sus experiencias subjetivas y por último, a lo más importante, a la persona que tenemos delante.
De esta forma tenemos etiquetada (que como la experiencia demuestra podríamos decir “estigmatizada”) lo que ahora llamamos enfermedad mental, aquella que es capaz de alterar al ser humano en su psiquismo, es decir, en su humanidad, o lo que es lo mismo, en su coexistencia con los demás y en la construcción de su mundo, en la expresión de sus sentimientos, en su mundo relacional, en sus relaciones familiares……..y en un largo etcétera que conforman la vida de una persona.
La encerramos en un diagnóstico que diferencia claramente al “loco” de los demás; los que no oímos “voces”, ni deliramos, ni nos comportamos de forma que nadie entiende, los que nos escondemos a veces de nuestros temores, los que no queremos enfrentarnos a nuestras vidas, a ese “los” (en el cual me incluyo), es a lo que llamamos normales, ¿Algo nos puede garantizar que nunca estaremos como ellos?, ¿De los aquí presentes nadie ha hecho alguna “locura”?.
A modo de ejemplo, comentaré una anécdota, que me ocurrió en la CT, un paciente después de dar un paseo me comento un día, “vosotros los psiquiatras sois unos NORMÓPATAS”, y me pareció muy inteligente y acertado
La locura siempre ha causado inquietud, tenemos ejemplos en todas las épocas desde cuando fueron quemados, expulsados, glorificados o repudiados, concentrados y recluidos en lugares aislados en condiciones de pura supervivencia (“asilos”) transformados siglos más tarde en campos cerrados de locura (“hospitales psiquiátricos”),decir que actualmente también estamos—desgraciadamente—acostumbrados a los revuelos mediáticos actuales que, de vez en cuando, nos hablan de episodios violentos protagonizados por esquizofrénicos. Violencia que, estadísticamente, es menos frecuente que entre los no diagnosticados de esta dolencia.
¿Qué es lo que mueve en nosotros el contacto con estas personas hasta el punto de querer expulsarlos a los márgenes de nuestras sociedades, cuando no de nuestras conciencias?
Bien es cierto, que la locura siempre es algo que le pasa al otro, nos es ajena, aberrante, nosotros no tenemos nada en común con el pobre infeliz que ríe “sin motivo”. ¿O sí?
En un libro que he tenido la oportunidad de leer recientemente que se titula “Dándole sentido a las voces”, se muestran datos esclarecedores de cómo las conductas de nuestros pacientes no son tan ajenas, se comenta como el 5% de la población escucha voces de forma regular, un estudio de la universidad de Manchester dirigido por un psicólogo comenta como entre la población universitaria de dicha ciudad la muestra asciende al 30-35%, ¿somos tan diferentes?
En el acercamiento a estas personas, que no ignoran su “diferencia”, es esencial la valentía de llegar a reconocernos en ellos. Sólo así se abre la posibilidad apuntada por el psicoanalista J. Lacan, que define la función del terapeuta como ´”un otro que le acompaña”, como “un testigo de que puede existir como sujeto”.
Nadie “tiene” una esquizofrenia, alguien es esquizofrénico como una manera de “ser en el mundo”, radicalmente original en cada caso. La plasticidad necesaria para acercarnos a esta extraña concepción de la realidad es condición para que se produzca una mínima comprensión de su hecho existencial.
No olvidemos que el paciente mediante su relación con el terapeuta reconstruye una forma de ser en el mundo que, al fin y al cabo, siempre es una forma de “ser con los otros”.
Las dificultades para que se dé esta posibilidad son muchas y más en un momento en que se glorifica la “objetividad” en el sentido del alivio que nos produce a todos trabajar con objetos, ya sean estos organismos, esquemas de relación u otros, lo que sea con tal de no tener que relacionarnos con otra persona, que demanda ser escuchada y reconocida como tal.
¿Es esta una sociedad madura para acoger en su seno tales “desviaciones”? El momento actual nos invita a ser pesimistas, la locura consumista se nos revela como poco conciliadora con otras locuras. La lógica actual fabrica constantemente objetos de consumo para sujetos permanentemente insatisfechos, tenemos que dar una explicación racional a “las locuras” de este mundo, no queremos escuchar “la génesis” de estas conductas, no podemos escucharlas, y además tenemos que darla pronto.
La ética del máximo beneficio al mínimo coste, no admite más solución para el enfermo mental que la marginación y segregación del considerado “defectuoso”.
¿Existe otra vía para lidiar con nuestra locura colectiva que no sea encerrar a los psicóticos lejos de nuestra mirada, sedarlos o marginarlos de cualquier otra forma?
El pensador M. Foucault nos enseña: “la reducción de toda patología mental a una alteración funcional de la actividad nerviosa no depende del progreso del conocimiento fisiológico, sino de la transformación de las condiciones de existencia y de las formas de alienación en las que el hombre pierde el sentido humano de sus actos”.
En la actualidad vemos como la más potente vía de integración, el trato entre personas, la verdadera comunicación que abra vías de comprensión y amor entre los hombres, se convierte cada vez más en algo raro y de lo que desconfiar, ya que, extrañamente, no es posible comprarlo ni venderlo.
Debemos afrontar de una forma más clara y sincera el abordaje y acercamiento a nuestros pacientes, tenemos la obligación entre todos de “humanizar”, en la medida de lo posible, aun más, la asistencia al enfermo mental.
Tendremos que estar menos pendiente de los “expertos” y más pendientes de los
“verdaderos expertos”, ellos, nuestros pacientes.
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