Mostrando entradas con la etiqueta actualidad sociopolitica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta actualidad sociopolitica. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de noviembre de 2007

Las enfermedades mentales le salen caras a la Unión Europea: 295.000 millones

Los tratamientos a las depresiones o la ansiedad ya suponen el 20 por ciento del gasto sanitario.

El crecimiento económico también produce monstruos. Y uno de los más terribles en los países desarrollados son los trastornos mentales, asociados en muchos casos a un
ritmo de vida y trabajo frenéticos.

Enfermedades como la depresión, los problemas de ansiedad, las adicciones, la esquizofrenia o el trastorno bipolar, por citar las de mayor impacto, cuestan a los países de la Unión Europea 295.000 millones de euros. O lo que es lo mismo, sus costes directos en hospitalizaciones, consultas médicas o medicamentos e indirectos en pérdidas de jornadas de trabajo, invalidez o muertes prematuras absorben el 20 por ciento del gasto sanitario.

La depresión se lleva la palma. El tratamiento de los 21 millones europeos afectados y sus secuelas en bajas laborales o jubilaciones anticipadas cuestan 118.000 millones de euros, 253 euros por europeo. Y la tendencia va en aumento.

Son cifras mareantes que ha puesto encima de la mesa Patrik Sobocki, experto en economía de la salud del Centro de Economía de la Universidad de Estocolmo., quien da dos causas a tanto trastorno: "Estrés o la cada vez mayor presión para que los dos cónyuges trabajen".

¿Cuánto cuesta tener depresión?




Fuente: Andlin-Sobocki / elEconomista

Cuanto más ricos, peor

También son los países más ricos -los que mayor esfuerzo dedican a la sanidad y más industria farmacéutica tienen- quienes cuentan con el gasto más elevado, asegura este experto a elEconomista. En el tratamiento de la depresión, por ejemplo, Suiza, Alemania o Francia se gastan más de 2.000 euros por paciente entre atención médica y medicamentos. En España, se reduce a sólo 1.000 euros por paciente.

Y, sin embargo, no parece que se tome nota de su fuerte impacto económico y sanitario. El prestigioso psiquiatra español Juan López Ibor ha subrayado que sólo la depresión supera en costes al cáncer y la diabetes juntos en Europa y aun así "se investiga 40 veces menos que el cáncer".

En concreto, sólo se dedican 38 millones de euros a la investigación pública y privada de la depresión, por 1.460 millones al cáncer. "Se piensa que el cáncer o el Alzheimer suponen un mayor reto para la sociedad que la depresión", asegura el jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Clínico San Carlos, "pero una mejor inversión en esta área proporcionará mejores resultados a corto plazo que en el resto".

Retrato español

De momento, desde los poderes públicos se empieza a tomar conciencia. Más de 20 de los 30 millones invertidos en la investigación de estos trastornos desde 2001 corresponden a 2004 y 2005, según datos del Ministerio de Sanidad.

Y es que España no es ajena a esta realidad. Cerca del 9 por ciento de la población padece en la actualidad algún tipo de trastorno mental y Sanidad calcula que algo más del 15 por ciento lo padecerá a lo largo de su vida.

La carga económica de las enfermedades del sistema nervioso supera ya con creces los 3.000 millones de euros en España, según las cifras aportadas por el Ministerio en su reciente Estrategia en Salud Mental para el Sistema Nacional de Salud. Y eso que los españoles somos los europeos con mejor salud mental. España es el segundo país de la UE con menores casos de depresión, por detrás de Italia, y también el penúltimo en tasa de suicidios, con 6,4 por 100.000 habitantes, frente a los 20,7 casos de Finlandia o los 15 de Francia.


Articulo extraido de la página web: elEconomista.es

lunes, 15 de octubre de 2007

¿Eres adicto al heavy? El Estado sueco te paga 400€ al mes


El título, por una vez, es literal. Suecia subvenciona a los ‘enfermos’ de heavy metal. Efectivamente: qué heavy.

La noticia, sin más dilación: Roger Tullgren, de 42 años, ha conseguido que el Estado sueco catalogue su ‘adicción’ al heavy como una invalidez. Una pasión ‘infernal’ que le incapacita para llevar una vida normal. Como si le faltara un brazo (o varias neuronas), vamos.

Un juez de Hasslehölm, su localidad natal, ha certificado que Tullgren no puede desempeñar su trabajo sin someterse a intensivas y opíparas sesiones de heavy que, a veces, incluso le impiden llevar su labor a buen puerto (aunque Roger, muy suyo, puntualiza que el señorito prefiere death metal por las mañanas, y clásicos jevis de tarde).

El detonante fue el último (y al parecer enésimo) despido de nuestro héroe, que no pudo evitar asistir en 2006 a más de 300 conciertos para levantar su mano cornuda, abandonando su puesto de trabajo en tantas ocasiones que su jefe, poco comprensivo, le dio la patada.

La sobredosis de calaveras, tatuajes y aperos demoníacos varios (Roger es al parecer una ferretería ambulante) nada tuvo que ver con el despido.

Tullgren llevaba ya 10 años intentando que la justicia sueca reconociera su adicción musical como una dependencia que le mermaba psicológicamente. Así que entre el juez y el INEM sueco buscaron la solución: un trabajo a media jornada donde además pudiera seguir cultivando su melómano cuelgue, y una pensión de 400 euros al mes para cubrir la parte del día no trabajada. Tres psicólogos impulsaron la moción.

Roger, el genio, lo explicaba así al periódico sueco ‘The Local’: “Firmé un documento que decía: ‘Roger se siente impulsado a mostrar su estilo heavy metal. Esto dificulta su situación en el mercado laboral. Por lo tanto, necesita ayuda financiera adicional’. Así que ahora puedo ir a una entrevista de trabajo vestido como voy habitualmente y darle ese papel al entrevistador”.

Tullgren curra ahora de lavaplatos, y su nuevo jefe le deja vestir como quiera, recuperar las horas perdidas en conciertos y escuchar sus sinfonías ‘jevirronas’ a todo volumen “excepto cuando hay clientes”, dijo a ‘The Local’.

La patología de este ‘metalómano’ se inicia en 1971, cuando su hermano mayor le pone un disco de Black Sabbath a toda caña y envía al infantil Roger a otra dimensión. Ahora mismo, ya un señor de 42 tacos, Tullgren toca en dos bandas de su ciudad, pero si por él fuera serían doscientas.

Un absoluto monstruo Roger. Y un filósofo, a juzgar por otra de sus frases a ‘The Local’: “Podrán decir que debería crecer y escuchar otro tipo de música… Pero no puedo. El heavy metal es mi estilo”.

Obviaré los juicios políticos, pero parece claro que, conforme España se acerca a los estándares europeos, un subsidio así al menos para los oyentes de OT, Trecet y Cadena Dial parece indispensable. ¿O no?

Artículo extraido de la página de Juventudes Liberales, que posteo como ejemplo de la progresiva disolución del individuo en nuestra sociedad como sujeto de derechos y deberes

lunes, 24 de septiembre de 2007

La situación en Birmania

Monjas budistas se suman a la protesta contra la junta birmana
Veinte mil personas salen a la calle en apoyo de los religiosos
REUTERS - Yangon - 24/09/2007

Decenas de monjas vestidas de blanco se sumaron ayer a la protesta que mantienen desde hace una semana miles de monjes budistas contra la Junta Militar de Myanmar (Birmania). Después de que Aung San Suu Kyi, premio Nobel de la Paz, apoyara a los religiosos, las monjas acudieron ayer al rezo en la pagoda de Shwedafon, una de las más sagradas del budismo. Después marcharon hacia el centro de Yangon, acompañados por miles de fieles.
La noticia en otros webs
webs en español
en otros idiomas
La marcha se desarrolló de manera pacífica en medio de un aguacero, el peor en 39 años. Decenas de policías de paisano vigilaban discretamente. Cerca de 20.000 personas desafiaron al miedo y a las condiciones climáticas y se agolparon en las aceras para aplaudir el paso de los religiosos. El ambiente era de fiesta. Los monjes, que protestan contra el maltrato de varios bonzos a manos de los soldados y la carestía de los productos básicos como consecuencia de la subida del precio de los combustibles, gritaban: "Nuestro levantamiento triunfará". Tras una semana, ayer comenzaron a extenderse las protestas a otras ciudades.
La permisividad policial y la reaparición el sábado de la premio Nobel Suu Kyi delante de su casa, donde se encuentra confinada desde mayo de 2003 (su última detención), sin visitas, teléfono ni contactos con el exterior por orden militar, son interpretadas como un signo de flexibilidad del régimen, que aún no sabe cómo responder a la rebelión religiosa.
Los militares llevan 45 años en el poder en Myanmar, la antigua Birmania. En 1988 aplastaron de forma brutal un levantamiento para exigir cambios democráticos.
"Muchos no pudimos contener las lágrimas", explicó un hombre que asistió el sábado a la vigilia de 15 minutos que mil monjes realizaron delante de la casa de Suu Kyi. Soldados equipados con material antidisturbios se mantuvieron entre los religiosos y la casa, pero sin llegar a intervenir. La mujer que más temen los militares apareció en la puerta y saludó con las manos unidas. Fue suficiente para dar impulso a la protesta. Ayer se tomaron medidas: la guardia delante de la casa fue reforzada y se impidió el paso de 200 monjes que trataban de repetir el rezo.
Valentía y disciplina
"Los monjes han demostrado su valentía, fuerte determinación y disciplina, mientras que el régimen ha mostrado flexibilidad", explicó un miembro retirado del Gobierno. "Esto demuestra que se pueden resolver las diferencias de manera pacífica", añadió.
Los generales que gobiernan Myanmar -régimen que Estados Unidos calificó ayer de "brutal"- tienen previsto reunirse en su nueva capital, Naypyidaw. El encuentro podría comenzar hoy, y en él se tratará a buen seguro la protesta. En Myanmar la religión budista impregna la vida diaria de la gente. Hay unos 400.000 monjes, casi tantos como soldados tiene el Ejército. El regreso de los monjes a las calles se produce 19 años después de su unión a las fuerzas democráticas que protestaban contra el régimen militar.
Durante las revueltas ocurridas en agosto y septiembre de 1988, los soldados mataron a tiros a cerca de 3.000 personas, entre ellas a muchos monjes, y detuvieron a abades de monasterios que, tras retirarles los hábitos, fueron condenados a largas penas de cárcel. "Los militares siempre han temido a los monjes, a sus rebeliones y otros actos de desobediencia, porque son una fuerza con capacidad para conseguir cambios en Birmania", indicó a Efe Saw Moe, disidente exiliado en Tailandia desde hace casi 20 años.